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21 de noviembre


En dos platos: Ir al evento político del 21 de noviembre es bastante -pero bastante más- que participar en una fiesta electoral.

Desde la institucionalidad chavista han montado un nuevo tinglado que procurará vestir de democracia algo que no lo es, y la alternativa -Sí, la alternativa política- ha decidido reincidir en el empeño de conquistar el poder, en todos los tableros posibles.

Ganar tres gobernaciones y 20 alcaldías valen muy poco. El mejor ejemplo está en Zulia, Bolívar, Nueva Esparta, Táchira, Anzoátegui y Mérida. Pero esa realidad, a la luz de hoy, solo puede ser argumento en contra si se pretende ganar una elección convencional, para ejercer gobierno, como que si aquí no hubiera pasado nada, o peor, como si el país estuviera en pleno ejercicio de las libertades democráticas.

Desde fuera es muy difícil conocer el alma de esta decisión política. Es claro, eso sí, que los ciudadanos venezolanos, críticos y auténticos celadores del legado democrático defendido en 1958, en 2002, en 2014, 2015, 2017 y hoy, pueden nuevamente aleccionar a la clase política, esa que ha emprendido diversas acciones y que ahora promueve una posibilidad de reencuentro en las calles, desde una perspectiva de participación silenciosa, pero contundente.

En mayo de 2018 y en diciembre de 2020, hubo eventos políticos que mostraron una verdad al mundo. Este evento previsto para noviembre de 2021 mostrará otra.

Los analistas no tardarán en intentar convencer de su propia verdad, porque más que análisis, se pretende validar tesis, muchas veces "irrefutables", porque como algunos políticos que creen en la unidad siempre y cuando ésta les circunde, muchos analistas creen en la pluralidad y la libertad de expresión, siempre y cuando la audiencia les aplauda.

Lo del 21 de noviembre, en esencia, no será una elección convencional. Debería ser -y de la estrategia de “campaña” dependerá- un extraordinario ejercicio democrático para canalizar toda esa esperanza contenida. Debería ser un ejercicio para mostrar descontento real y consciente que no busca defenestrar a golpe y porrazo, sino con incontestable fortaleza cívica todo aquello que denosta de nuestro gentilicio.

Ese evento del 21 de noviembre será clave en el marco del proceso activo de conversaciones en México, una vez más con la mirada celosa de una comunidad internacional hastiada de burlas.

Tenemos la responsabilidad de convertir esta aparentemente dislocada decisión en un nuevo fenómeno de participación, de energía, de motivación, de lección. Tirar la toalla, por cansancio, por frustración inducida, por el dolor de las muertes inmerecidas de tantos y tantos jóvenes en las calles, puede resultar razonable, pero no necesariamente conducente a una posibilidad de cambio.

Quedarse a rumiar todos los argumentos válidos para no validar el proceso, seguramente llenará de “razón” a quienes lo decidan, pero eso no pasará de ahí.

Decidir volver a ejercer ciudadanía, desde esta perspectiva del voto, sin perder de vista nunca otras posibilidades democráticas nos permitirá avanzar, -aunque no se vea bien ahora- en otros escenarios.
@incisos