You've successfully subscribed to Incisos
Great! Next, complete checkout for full access to Incisos
Welcome back! You've successfully signed in
Success! Your account is fully activated, you now have access to all content.

Ana María Fernández: La sobriedad como norma

Decir Ana María Fernández es recordar a la Venezuela de mediados de la década de los 80 cuando todo estaba rodeado de futuro y la actual pesadilla no se presagiaba. Su imagen habitual en uno de los noticieros más reputados de Venezuela, El Observador, se convirtió en símbolo para muchos de la sobriedad y la claridad a la hora de “escuchar las noticias”, como habitualmente decía mi abuela Crucita en aquellos tiempos.

Escuchar la fanfarria de algún Extra de El Observador provocaba el rápido reflejo de hacer silencio, dejar lo que se estaba haciendo y prestar atención a esa información de última hora. Tiempos sin teléfonos celulares ni redes sociales. Era “El mago de la cara de vidrio”, como lo definió en su libro Eduardo Liendo, el rey de la noticia y justo en muchos momentos era la voz y la estampa de Ana María Fernández la que nos relataba lo último. Sin estridencia, con aplomo y una dicción clara.

Luego ocupó otros cargos en RCTV, ya no al frente de las cámaras, sino más bien en la gestión del equipo humano e informativo.

Muchos recuerdan su paso por Unión Radio 1090 que transformó en Unión Radio Noticias, un proyecto precursor de estación eminentemente de información las 24 horas. En ella dejó su impronta de periodismo serio, perspicaz y riguroso. Integrantes de ese equipo cosecharon reconocimientos nacionales e internacionales por la calidad de su trabajo periodístico. Era a la vez exigente y cercana. Muchos recuerdan cuando durante algunos fines de semana, en el que ella estaba libre, llegar sin avisar con café y algún dulce para merendar.

Su paso por El Universal como editora de la sección de Política significó la estabilidad posterior a los convulsos momentos que se vivieron en el 2002 y aunque no fue un largo periodo, dejó afectos.

Bajo su tutela tuvo la responsabilidad de dirigir el aparataje comunicacional de la Gobernación de Miranda en tiempos de Henrique Capriles Radonski y posteriormente los intentos de Capriles por llegar a la Presidencia de la República. Labor ardua y nada sencilla que le dejó no pocos detractores. Sin embargo, ella nunca se alejó de esa sobriedad que siempre la ha acompañado, de un humor fino y siempre a flor de piel que sólo mostraba con sus más cercanos y de un amor infinito por sus “morochos”, unos padres a los que ha mimado con devoción.