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Andrea Herrera: Precisa y decidida

Andrea Herrera, es una de las periodistas más completas que he tenido la dicha de conocer, más allá del honor de haberme formado y trabajado junto a ella. Profesional, correcta, siempre al servicio de los demás.  Detallista, minuciosa e incansable.

Andrea es como esos “héroes sin capa” tan famosos por estos días, hasta los de bata blanca podría ser (porque… cómo sabe de medicina!). Pionera en el periodismo deportivo femenino, tal vez para unas cuántas generaciones “desconocida” porque nunca estuvo enfrente de una cámara, sino siempre detrás de ellas, en el trabajo de hormiguita, luchando siempre por darle el valor, la atención y el respeto que se merecían y se merecen los periodistas. en cada rueda prensa, en cada cobertura, en cada evento o lanzamiento, Andrea siempre peleaba con la empresa o marca que la contratara para llevar las comunicaciones, porque sus colegas estuviesen atendidos de la mejor manera.

Por estos días, se habla mucho de “emprendedores”, pues les cuento que Andrea Herrera para mí fue una emprendedora nata, cuando creó una agencia de comunicaciones en su propia casa, y en la que nos recibía a un trío de muchachitos para formar un gran equipo de trabajo. Con los “buenos días” venía el “ya tomaron café, desayunaron?”: o el… ya estoy pensando que vamos a preparar de almuerzo”. Las jornadas para ella, empezaban tempranito, y no sólo dedicada a su trabajo, sino entre mil llamadas, correos, etc, siempre tenía tiempo para atender a los vecinos, a sus primas y sobrinos y por supuesto la dedicación especial diaria hacia “su vieja”.

Desde ese rincón de Santa Eduvigis, se creaba el concepto, redacción, edición, etc, etc, de miles y miles de notas de prensa que, no me cabe la menor duda, alimentaron desde las primeras páginas de los periódicos más importantes hasta el periodiquito más humilde venezolano. es más, me atrevo a decir que se la “puso bombita” a más de un colega, porque toda la información que retransmitía (a su extensa lista de contactos), era la más completa. “Prensa/Andrea Herrera”.

Cada vez que escribía sobre algún deportista, era inmediata la anécdota. desde los líderes “Maltín Polar”, sus buenos amigos de “Proyecto Cumbre”, las historias con el “Chico Carrasquel”, sus coberturas de Panamericanos, y pare de contar.  Andrea es una biblia deportiva y apasionada por su profesión, escritora enamorada creo yo, porque uno de sus sueños siempre fue publicar un libro, y vaya que lo logró, colaborando con Sir. Cándido Pérez en el libro del boxeo y su más reciente publicación del atletismo venezolano.

Con el Libro dedicado al Atletismo Venezolano, recién salido de imprenta

Andrea “Coromoto” gracias por tanto, por tus conocimientos y enseñanzas, privilegiada de haber crecido como profesional de tu mano. Maestra y amiga te mando un feliz día del periodista!... Carolina “Coromoto”.

Los minutos no se ven

“Javier: los minutos no ‘se ven’. Tú no puedes ver el tiempo pasar. Los minutos de juego ‘se tienen’”.

Esa fue la primera de cientos de lecciones que recibí de Cándido Pérez Araujo, cuando era un joven periodista de la sección de Deportes de El Nacional. Estaba ahí, con veintipocos años y una enorme responsabilidad, compartiendo con uno de los más experimentados no solo de la sección en la que acababa de aterrizar, sino del diario y de los medios venezolanos.

Cándido fue formador de varias generaciones de periodistas, de paso exitoso por otras plataformas como la televisión y la radio. Fue testigo de hitos históricos del deporte venezolano. Todos los que pasamos por la redacción de El Nacional – tanto en la sede del centro, como la actual –  fuimos testigos de su mordaz sentido del humor; de su fuerte carácter, pero también de la bondad de sus recomendaciones y consejos como editor de estilo.

Ya en una etapa –espero– más apacible de su vida, lejos de las redacciones venezolanas y del estrés que aquello conlleva, Cándido se mantiene cerca del teclado, haciendo lo que más le gusta. Y a veces me gustaría pensar que con un diario enrollado para darle un fuerte periodicazo a la mesa cada vez que lee alguna barbaridad de quienes fuimos sus aprendices.

Javier Ramírez-Musella