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Buscar la luz entre la niebla espesa

Los periodistas venezolanos trabajan en el país donde la verdad también quiere ser expropiada. Y por eso les admiro: por su valentía para seguir contándola. Les he visto en medio de las balas, encarándose a los agentes del poder, buscando la luz en medio de una niebla que cada día es más espesa. Y ahí continúan, erre que erre, que por su parte no quede.

Televisiones secuestradas, periódicos comprados, radios amenazadas, medios asfixiados, periodistas perseguidos… El escenario no puede ser peor, sin mayor protección que la solidaridad de unos con los otros. Cuando alguno de ellos cae detenido, ahí aparece el resto para exigir su libertad. De frente, sin mirar a los lados.

Recuerdo la emoción de César Bátiz al recoger el premio de la Fundación del Gabo en Medellín. Su antiguo equipo en Últimas Noticias, cuando todavía era un periódico, se atrevió a desvelar lo ocurrido aquel 12 de febrero y señaló a los verdaderos culpables por las muertes de Bassil Da Costa y Juancho Montoya.

Una investigación profunda y las pruebas que desenmascaraban a agentes gubernamentales en plena campaña de manipulación informativa. Cada click para ver aquellas páginas electrónicas, con sus fotos y sus textos, era un viaje emocionante… El viaje a la verdad…

Esa emoción de Bátiz mascaba los sinsabores de la batalla por la verdad, los mismos que acompañan sus labores en las calles y en las redacciones de Venezuela.

Y todo ello en un país que te recuerda cada minuto dónde estás y en qué condiciones vives y trabajas. El país sin descanso, donde la subsistencia informativa corre a la misma velocidad que la supervivencia del día a día. El país donde mantener la cordura y la mirada serena para analizar lo que ocurre es un ejercicio tan imposible como obligado.