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Elides Rojas: Periodista integral

Aun antes de nacer en Mérida, allá por 1958, muy pocos dudaban que Elides iba a ser periodista, y de los buenos, esos que con argumentos y personalidad se ganan el respeto de los que tienen el privilegio de conocerlo.

Y es que estaba destinado, lo llevaba en su ADN. Su padre, Elides Rojas, era un reputado periodista y precisamente en estos menesteres profesionales se había trasladado en los albores de 1958 de Barquisimeto a Mérida, para cubrir las incidencias de un campeonato nacional de fútbol. Su inseparable Antonieta, embarazada de ocho meses, le acompañó entonces.

De vuelta a Barquisimeto, Elides pasó su niñez entre jugar al fútbol, en el que destacó en las categorías menores, los carritos Ymca y los estudios. Era una  tranquila ciudad, rodeada de ese misticismo romántico en donde todo pasaba pausadamente, como en un agradable sopor que solo venía a trastocar los juegos del beisbol profesional.

¡Que Disneylandia ni que ocho cuartos! El joven Elides veía la temporada de la pelota local como el gran acontecimiento, el verdadero “Big Show”, sobre todo porque la podía palpar de primera mano, en el mismísimo dugout de Cardenales de Lara, donde su papá lo llevaba mientras hacía su trabajo reporteril.

Qué privilegio poder ver de cerca a tantos peloteros, pedir autógrafos y hacerse de una u otra pelota firmada. Beisbolistas de la talla de Dagoberto Campaneris, Bobby Cox, Bryan Alyea, Cecil Fielder y Lloyd Moseby. ¡Na guará!

Lo mismo pasaba en el estadio Farid Richa, donde hacía vida el Deportivo Lara, uno de los protagonistas del fútbol profesional venezolano. Juego tras juego Elides y su hermano Lino eran figuras obligadas en el terreno, donde compartían con jugadores, técnicos y periodistas deportivos.

Por supuesto, era de esperar que tantas experiencias exacerbaran su vena periodística, y es así que cursando tercer año de bachillerato ya se encontraba escribiendo de fútbol e hipismo en un semanario (Primicia) que era propiedad de su padre.

“Ganaba 40 bolívares semanales, que era lo que pagaba un aviso en la página de hipismo”, recuerda.

Posteriormente, con apenas 15 años, fue contactado por Emigdio Lozada, presidente del hipódromo Jacinto Lara, para que se encargase de la revista Al Galope, y lo hizo de tal manera, que se ganó el premio local al Cronista Más Joven. “El premio me lo entregó J.R. Ball, presidente del Círculo de Periodistas Hípicos, quien viajó de Caracas a Barquisimeto para esa gala”.

La Vuelta a Venezuela
En esa vorágine de experiencias que significó su aprendizaje primario, Elides recuerda que además viajó por todo el país con su papá cubriendo las incidencias de la Vuelta a Venezuela en bicicleta, llegando a alojarse en hoteles de primera línea como el Hotel El Conde en pleno centro de Caracas.

Es por ello que no había dudas, aunque cuando le preguntaron sobre sus opciones para seguir estudios universitarios privilegió Veterinaria y Arquitectura por delante de Comunicación Social. Pero todos sabían en la familia Rojas-López que Elides sería periodista. Y no se equivocaron.

Ingresó a la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello en 1974, lo que significó un gran cambio, ya que abandonaba la plácida Barquisimeto por la pujante metrópoli capitalina.

Pero no hubo traumas, todo lo contrario, se adaptó a la perfección y comenzó a trabajar en El Informador de Barquisimeto, encargado de su página hípica que elaboraba en Caracas.

Los traqueos matutinos en La Rinconada, así como entrevistas de jockeys y entrenadores, los alternaba sin problemas con sus estudios de Informativo, Teología de la Comunicación, Estilo y Redacción, Sociología, Estadística, Semiología, Teatro, Historia del Arte y pare usted de contar.

Por supuesto, sus destempladas, así como sesudas y divertidas intervenciones en clase hacían ver que estábamos en presencia de un personaje de fina inteligencia e instinto, que estaba llamado a empresas superiores. Y  no nos equivocamos.

Los medios formales
Ya en segundo año de la carrera, Elides Rojas trabajaba como diseñador de la revista Bohemia, al lado de Víctor Hugo Irazábal.

Un año después dirigió su talento hacia la Cadena Capriles, donde fue jefe de diseño a color de las revistas de este Grupo Editorial.

En 1978 comienza a trabajar en El Nacional tras ser contactado por Heberto Castro Pimentel, compartiendo su trabajo en Secretaría de Redacción con agudas entrevistas, como la que le hizo al doctor Arturo Uslar Pietri.

Once años pasaron desde que “Castrico” lo convenció hasta que decidió marcharse a Economía Hoy, un pujante medio propiedad de María Di Mase, donde llegó como segundo a bordo en un área de Diseño que comandaba Luis Moros.

Entonces trataba Elides de desligarse del tipógrafo y la diagramación, quería escribir más, y se presentó la oportunidad cuando Jesús Romero Anselmi renunció a su cargo de Jefe de Redacción. María Di Mase no dudó y ascendió al barquisimetano oriundo de Mérida, quien le rindió tan buenos dividendos que al cabo del tiempo lo nombró director de Economía Hoy.

El rotativo de la Plaza Candelaria aceleró el paso y llegó a imprimir hasta 20 mil ejemplares diarios bajo el riguroso concepto de la economía, pero matizado con interesantes trabajos y entrevistas. El movimiento ejecutado por María Di Mase le dio la razón. No se equivocó.

De allí a El Universal no fue mucho lo que recorrió en distancia física, apenas tres cuadras,  pero esta transición terminó por afianzar en el gremio periodístico a Elides Rojas, ya considerado como uno de los mejores profesionales del momento.

El profesor Carlos Soria, llegado desde España para liderar un equipo que apostaba a modernizar a El Universal desde sus cimientos, fue quien lo contactó. El plan incluía incorporar a los mejores periodistas del país en cada área y Elides calzaba a la perfección en el formato rediseñado de Economía.

“Yo era director de Economía Hoy y en El Universal me ofrecían la editoría de Economía, lo cual a simple vista parecía un retroceso, pero la propia María Di Mase me ayudó a tomar la decisión, argumentando que Economía Hoy no estaba en su mejor momento y que se le avecinaban peores tiempos. Así fue que decidí a recalar en El Universal, cuyo director entonces era John Muller, un auténtico visionario”, comenta.

En ese enero de 1996 Elides comandó un equipo de sobresalientes expertos en el área económica, que llegó a ser referencia en el país.

Al año siguiente, John Muller se marchó y Elides Rojas fue ascendido por el Editor Andrés Mata al cargo de Jefe de Redacción, donde consolidó los lineamientos estructurales de la corporación, siempre con una idea ingeniosa y planes sustentables. Hasta que ocurrió la ruptura y posterior venta del periódico por parte de Andrés y María Teresa Mata.

En 2014 es designado Vicepresidente de Información de El Universal, donde no solo es el responsable de lo que se publica, sino que asume roles administrativos de enlace entre los nuevos dueños y la redacción.

En esta complicada etapa de contención y supervivencia, Elides Rojas emerge como la cabeza visible de un periódico que recién cumplió 111 años.

Premios y reconocimientos
Crítico, mordaz, incisivo y veraz, Elides ha visto reconocido su trabajo diario con premios de diversa índole. Desde portadas de diseño inédito, hasta columnas y reseñas, el periodista de fuerte arraigo larense ha sido premiado.

Es así que colecciona tres premios nacionales de periodismo de Diseño Científico y de Opinión por la columna Hoy Miércoles.

Igualmente fue galardonado con tres premios municipales de diseño, reporterismo y redacción.

Tiene el premio internacional otorgado por la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) en 2005 por su columna Hoy Miércoles; y atesora en sus vitrinas el Premio Latinoamericano de Diseño, otorgado por la SND (Society Newspaper Disign) por una sensacional portada que logró cuando trabajaba en Economía Hoy en 1991.

Hoy solo nos queda reconocer en el Día del Periodista el trabajo y entrega de un profesional ejemplar, solidario e irreverente, el mismo que en su época de estudiante en la UCAB le decía a los profesores en pleno examen: “Eso es todo lo que tienes? Con esa pregunta no me vas a raspar, échame una más difícil…”. Y no se equivocó, ya que nunca lo rasparon.