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La fórmula


Hemos protagonizado momentos luminosos, y a un tiempo, nos hemos dejado cegar por falsos recursos de una narrativa impuesta desde el poder.

Nuestros triunfos se diluyen y sus fracasos los encumbran. Nuestros referentes se pierden en su condición humana, que no corresponde con el fugaz título de superhéroe que solemos endilgarle, mientras que a los villanos probados les otorgamos toda la credibilidad que el ejercicio de la presión, el chantaje, la corrupción, el poderío de las mafias y las sandeces de los incautos, les puede otorgar.

En todo caso, este texto solo podría tener sentido en la medida que sirva para advertir que desunidos y divididos, solo somos muestra del fracaso. El camino andado, a veces exitoso y otras no tanto, se pierde en polvo y paja, si no somos capaces de asumir nuestras responsabilidades, nuestras debilidades, nuestras fortalezas.

Con los años, y gracias a las manidas manipulaciones, uno aprende a deslastrarse de aquellas idolatrías patrias falsas. Sin embargo, está claro que el pensamiento bolivariano respecto a que en la unión está la fuerza, es sabio. Casi tanto como la máxima que reza: “divide y vencerás”.

Salimos despavoridos del país, huyendo de un destino labrado por la mediocridad, o nos quedamos en él, padeciendo el síndrome de una esperanza mal entendida, que parece más resignación que espera cierta.

Nos toca asumir, en serio y sin retórica, la responsabilidad que el tamaño del compromiso demanda. Algunos referentes insisten en la hipotética tesis de la unidad, siempre y cuando esta los circunde, y con esa sombra se les hace imposible calzar los zapatos de un líder.

La convocatoria abierta es a deslastrarse de los complejos de superioridad, reconocer los desvaríos y retomar con autenticidad la causa común que nos signa.
Es verdad que el país es una borrasca, pero qué duda cabe de que también es una inmensa posibilidad de acción sostenida. Requerimos de referentes que sean capaces de ver más allá de las coyunturas, de las láminas focalizadas de una encuesta. Requerimos referentes que crean en la necesidad de la reflexión, del entendimiento, de la sindéresis y del trabajo metódico, capaz de ofrecer resultados.
No es verdad que el trabajo ya esté hecho, y que solo es cuestión de horas para que opere el cambio que necesitamos. Eso no es verdad.

Tampoco es verdad que ya todo está perdido, pero debemos conseguir la fórmula para que todo el descontento, para que todas los motivos que suman fuerza a la razón para generar la transformación del país se encuentren, y desde allí enfilar, decididos, la ruta hacia el país que queremos.