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La gata Flora…

Para estar claros: Si se lo meten grita, si se lo sacan, llora.

Vivimos en la mamá de las crisis. Se trata de un cáncer hecho metástasis. Ramificaciones profundas en todos los órganos. Hay vida solo para sufrir. El país está intubado por todas partes, y como hay lo que hay en materia de insumos, algunos de esos tubos están obstruidos.

No hay -no existe- pastillita mágica, ni ungüento salvífico, ni junta médica especialista capaz de curar, en una cirugía sin quimioterapia ni rehabilitación posterior, este pronóstico reservado, que por sus propias características, solo goza de diagnósticos interminables, y de múltiples tratamientos alternativos, que van desde los pañitos calientes, hasta los sahumerios.

Aceptar esta condición. Validar que requerimos no de una, sino de muchas operaciones. Entender que el tratamiento es a largo plazo. Razonar sobre los efectos secundarios y sus consecuencias. Por ahí podría iniciarse una suerte de sensatez, respecto a lo que padecemos, de manera que asumamos la responsabilidad de hacerle frente.

Hay que tener y mantener la actitud, pero también hay que ser realistas.

No es verdad que tras la salida del gobernante de turno y su camarilla cercana, los problemas estarán resueltos. No es verdad que con la aplicación de la fórmula mágica, se desmontarán las taras políticas, económicas y sociales de un país acostumbrado al medalaganismo.

Criticamos la improvisación sostenida, pero cuando se plantea un plan, una hoja de ruta sistemática, que cumple pasos y plazos, entonces se dice que es burocrática, leguleya, anacrónica y complaciente, para dar oxígeno al régimen.

Estamos en contra de las salidas de fuerza, de los golpes militares, de los hombres de uniforme al frente del aparato del Estado, pero en cuanto aparece un tipo con una voz de mando engolada, salen todos a aplaudirle y reproducirle su insensatez, validando su propuesta vacía, su cariz autoritario, su visión cortoplacista, su incapacidad –asociada a las causas de esta tragedia.

Feroces contra el pensamiento único implantado, pero apenas surge la diversidad, la pluralidad en las acciones políticas, entonces se reclama la falta de compromiso y se condena como “guerra a cuchillo interna” la disidencia y la posibilidad del debate entre quienes avanzan por una salida política a esta crisis.

Enemigos irreconciliables de la negociación y el diálogo, en clara demostración de que todas las situaciones de su vida, desde un examen reprobado, hasta una discusión marital, debe ser resuelta a los coñazos, los gritos, los portazos y una maleta en la puerta.

La palabra sindéresis, quizá por lo dominguera, dice poco y las arrecheras suelen ser el soporte de las decisiones bipolares de una sociedad que no sabe cómo actuar frente a la gigantesca atrocidad diaria, que somete, chantajea, manipula, obliga, castiga, reprime.

Todos: Enfermos y sanos, creyentes y ateos, tirios y troyanos, los del este y del oeste, los que están en el país y los que están fuera, blancos y negros, chavistas, maduristas, mariacorinistas, caprilistas, leopoldistas, ramosallupcistas, mudistas… Todos, estamos metidos en este berenjenal, y tenemos la obligación de salir de él.

Dar vueltas interminables para echar una meada como el perro, no nos va a sacar adelante. Todos queremos "más o menos lo mismo", pero no conseguimos la fórmula que nos permita estar de acuerdo en lo mínimo común. Mientras tantopasamos los días como la gata Flora.