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Leonardo Padrón: Un joven imperecedero

En Venezuela cuando decimos Leonardo Padrón, la mayoría piensa en telenovelas. Esto es justificable, ya que las telenovelas que él ha escrito son inolvidables para muchos. Pero también es una reacción que lo simplifica injustamente.

A Leonardo lo conozco desde 1999 cuando yo estudiaba El país de las mujeres, una telenovela de su autoría. Desde entonces su escritura y mi investigación académica han caminado casi siempre en paralelo. Y aún en los momentos en que él ha estado escribiendo una telenovela para México desde Miami y yo he estado en Estambul estudiando los dramas turcos, él sigue ocupando un lugar preferencial en mi lista de interlocutores imprescindibles y yo en la de él.

En este primer Inciso con Leonardo Padrón, conversamos acerca de su debut en los dramáticos con el unitario El Venerable, dedicado a la vida de José Gregorio Hernández. También tocamos su primera telenovela original, Amores de Fin de Siglo.

Leonardo Padrón nació en Caracas el 12 de noviembre de 1959. Trabaja con igual desenvoltura registros tan diversos como la poesía y la escritura para cine y televisión. Se graduó de Licenciado en Letras en la Universidad Católica Andrés Bello en 1981. Perteneció al Grupo Guaire que, junto con el Grupo Tráfico, energizó y marcó la poesía venezolana al colocar su mirada y su quehacer en la ciudad y su cotidianidad. Ha publicado seis poemarios y dos antologías. Su poesía ha sido traducida al alemán, al búlgaro y al inglés, y editada en Estados Unidos, España, Colombia, Argentina, Alemania, Austria y Bulgaria. También es el autor de diez telenovelas originales, dos adaptaciones, cinco largometrajes para televisión y tres guiones de cine, que le han valido numerosos premios y le han granjeado un lugar entre los escritores más exitosos de la historia de la televisión venezolana. En el año 2005 entró a la radio con “Los Imposibles”, una serie de entrevistas a personalidades del mundo hispano, que luego se convirtió en fenómeno editorial. Dirigió la colección “Llámalo amor, si quieres” de Santillana, que vendió más de sesenta mil ejemplares, y ha publicado dos libros de literatura infantil y dos de crónicas. En este momento escribe en paralelo una serie, una telenovela y un largometraje.

En este segundo Inciso con Leonardo Padrón, nos paseamos por el impacto de la telenovela Cosita Rica, y cómo ella provocó el estudio desde la academia, con el trabajo de la profesora Carolina Acosta Alzuru: "Venezuela es una telenovela", además hablamos sobre los intelectuales "´prestados" a la cultura popular.

Este repaso rápido de la obra de Leonardo es necesario para conocer su trayectoria, pero no es suficiente para dar un retrato medianamente completo de él. Es esencial mencionar algunas cosas más sobre su trabajo y su vida.

Leonardo se busca, se encuentra y se extravía en la poesía. En ella se transcribe y queda desnudo. Como suele suceder con los escritores, es perceptivo. Mira cosas que otros no ven. Es muy trabajador, lo cual es fundamental cuando escribes para la televisión. Nunca asume la escritura como un mero trámite. Para él no hay personaje pequeño, ni diálogo intrascendente. Le ha dado vueltas de tuerca cruciales a la telenovela, elevando su nivel de manera significativa.

En este tercer Inciso con Leonardo Padrón conversamos sobre el toque universal de su propuesta, el sello que ha puesto en su trabajo para la televisión mexicana y el concepto que usa para la producción y realización del proyecto Los Imposibles.

A la hora de responder una pregunta o hilar un argumento, Leonardo tiene una velocidad mental envidiable. Esa rapidez se duplica cuando el humor se hace presente. Y, por lo general, está de buen humor. Es de carcajada genuina y sonora. Paradójicamente, eso oculta la melancolía que lo habita y que es el manantial subterráneo de su poesía. Las mujeres son su debilidad y su fortaleza. Lo signan, lo hechizan y han marcado su escritura. Sus hijos son su oasis y su prolongación.

Con la llegada de Hugo Chávez al escenario político, Venezuela mutó para Leonardo. De ser patria, pasó también a ser dolor, inseguridad, mordaza y amenaza.  Pronto comenzó a invadir su obra y su discurso, mientras él se aferraba a su arraigo y a su integridad. Se negó a hacer maletas para un viaje sin retorno; no obstante, terminó igualmente exiliado—como tantos otros venezolanos—en la ciudad de Miami. Allí, lejos de su amada Caracas, escribe con gran éxito para la televisión mexicana y para la de habla hispana de Estados Unidos. Pero el exilio es una herida abierta.

Leonardo es una figura pública. Sabe bien que ese hecho conlleva responsabilidad, pero también que eso lo coloca en esa intemperie particular en que los demás asumen que lo conocen y tienen derecho a hablar de él. Así que finalizo esta breve semblanza mencionando algo esencial de Leonardo que la mayoría no ve: Dentro de él habita un joven imperecedero que lo compele a rodearse de otros espíritus libres, a buscar y enfrentar nuevos retos y, por encima de todo, a vivir y escribir intensamente.