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Milagros Socorro: Un texto y una voz para una imagen

Lectora y escritora desde la niñez. Ningún tema le fue ajeno, no porque le interesara todo, sino porque esos pequeños todos era lo que había en las casas de su pueblo de la sierra zuliana. Su padre veía pasar las manecillas del reloj, calculando la hora en la que podría haber llegado el diario a tan recóndito lugar. Milagros Socorro se crió leyendo y escribiendo, detallando con unos lentes imaginarios las historias de cuanto le rodeaba.

Al advertir en casa su decisión de querer ser periodista, su padre le sentenció: “Como Pacheco Soublette”, refiriéndose a Federico Pacheco Soublette, un destacado periodista del Zulia que había sido asesinado.

En la Universidad del Zulia destacó con maestros de la talla de Sergio Antillano, a quien agradece el acompañamiento en su formación. También fue alumna de Marta Colomina, y de otros tantos que marcaron e influyeron en su doble vocación de periodista y docente.

A la hora del trabajo, incansable y prolífica como ha sido, no faltaron revistas en el Zulia que le dieran la oportunidad de mostrar su oficio meticuloso, detallista, ingenuo e “ignorante”. “Yo no me doy latigazos por mi ignorancia” dice y lo refuerza con una anécdota:

“Cuando ya casi terminábamos el libro dedicado a Carrasquelito (Alfonso “Chico” Carrasquel), él me dijo. Menos mal que este libro lo escribiste tú y no un periodista de verdad, porque a ellos les daría pena preguntarme cosas que tú me has preguntado”.

Carrasquelito pensaba que Milagros Socorro no era una periodista de verdad porque no era de la fuente deportiva, y Milagros piensa que eso la ayudó, para poder preguntar cosas, que los de la fuente, quizá no hubieran preguntado, como por ejemplo el miedo a enfrentarse a un pitcheo de más de noventa millas por hora.

Escribía su columna para El Diario de Caracas en Maracaibo, y la enviaba por correo privado. “Imagínate, eso fue antes del fax”, recuerda en una conversación vía Zoom. “Es que siempre me ha tocado adaptarme a las tecnologías”.

Eso explica su transición -como la de tantos periodistas- de los medios convencionales a los digitales. De columnas fijas en El Universal o El Nacional, pasó ser referente de portales como El Estímulo, Prodavinci y también más recientemente La Gran Aldea.

De El Universal recuerda una etapa en la que Patricia Guzmán diseñó una serie de talleres de escritura para periodistas. “Llegué aterrada, pero lo disfruté mucho. Esos talleres son una fuente rica de conocimientos, donde todos aprendemos. Yo amo los talleres”.

Los ama, y los sigue tomando y cursando. “En estos tiempos de pandemia, he tomado muchos talleres. Invito a todos a buscar. En Venezuela se están dictando extraordinarios cursos que valen la pena”.

Milagros Socorro está por estos días en Dinamarca, asistiendo al programa Residencia para Escritores, que le brinda la oportunidad de escribir, leer, trabajar y crecer aun más. Trabaja por horas, frente a un computador en el que recibe mensajes y correos y desde donde interactúa con sus seguidores y lectores. Donde además prepara sus notas periodísticas para los medios a los que sirve, y un par de libros que enriquecerán más su ya dilatada trayectoria como mujer de letras y vivencias.

Puede leer una extraordinaria entrevista a Milagros Socorro en Puraguapura